Lara
Estoy asombrada, incrédula, confundida y aterrada.
Mi loba me araña el pecho, exigiéndome que vaya a buscarlo.
Mis manos temblorosas descansan sobre la mesa y logro ponerme de pie. Entonces miro hacia el bosque, dispuesta a correr hasta allí y salir en busca de Killiam.
No puedo perderlo. No otra vez.
—¿Qué estás pensando, Lara? —me confronta Arion, sospechando de mi intención impulsiva.
—Necesito ir por Killiam ya —le respondo, decidida—. No me quedaré aquí esperando. Iré por él, no permi