El amanecer se filtraba tímidamente por las cortinas del apartamento, pero Valentina no había dormido. La carpeta que había escondido bajo la cama estaba ahora extendida sobre la mesa del comedor, junto con otros documentos que había recopilado en silencio durante las últimas semanas. Había algo en el aire, un presentimiento que no podía ignorar. Y tenía razón.
En uno de los registros de transferencias que había pasado por alto, aparecía una secuencia de cuentas bancarias trianguladas entre par