Tomás no volvió esa noche. Caminó sin rumbo por las calles dormidas de la ciudad, buscando respuestas que no sabía si quería encontrar. Su mente era un enjambre de pensamientos enredados: el mensaje, la intrusión, la desconfianza. Necesitaba verificar por su cuenta. Conocer la verdad. Aunque le doliera.
Amaneció en una pensión barata del centro, en una habitación que olía a humedad y abandono. No durmió. Al salir, fue directo a una cabina de teléfono antiguo. No quería rastros. Sacó un papel ar