La dirección los llevó hasta un edificio antiguo en el centro de la ciudad. La fachada estaba deteriorada, pero el intercomunicador funcionaba. Valentina apretó el botón del tercer piso. No hubo respuesta, pero el timbre soltó un sonido seco y la puerta se desbloqueó.
Tomás la miró en silencio.
—Si esto es una trampa, está muy bien armada.
Valentina asintió.
—Y si no lo es, puede cambiar todo.
Subieron las escaleras con pasos lentos. En el tercer piso, una puerta entreabierta los esperaba. No h