Valentina
El zumbido de los helicópteros se apagó en la distancia como si la ciudad entera contuviera el aliento. La camioneta negra, blindada y sin placas, avanzaba por una carretera secundaria, bordeando montañas y curvas ocultas por la niebla espesa. En su interior, Valentina mantenía la mirada fija en el horizonte, pero sus manos temblaban levemente sobre su falda.
—Todo saldrá bien —dijo Tomás, desde el asiento del copiloto—. El protocolo funcionó.
Valentina asintió en silencio. Sabía