El viernes llegó, y con él, una mezcla de emociones que me hacían sentir que estaba en una montaña rusa, esperaba bajarme de ella sin haber vomitado encima, aunque mi estómago estaba revuelto e inquieto desde la mañana. La anticipación me mantuvo despierta en la noche, el miedo me paralizó por la mañana. Mi cuerpo se sentía como si estuviera en un estado de alerta constante, mis nervios estaban en punta. La reunión con Dumas no era solo una reunión de trabajo, era una confrontación, un enfrenta