En los días que siguieron, Máximo se convirtió en una sombra silenciosa que no dejaba de lado a la mujer que creía ser Ilein. Se levantaba antes del amanecer, se instalaba en puntos estratégicos alrededor de la propiedad Bianchi y permanecía inmóvil durante horas, observando cada movimiento con la precisión de un cazador experimentado.
Primer día:
Vió cómo salía a las 8 de la mañana junto a Mariana, caminando despacio por el camino que llevaba al pueblo. Ilein —o Ana, como parecía llamarse— d