La noche en el pub fue una mierda. Ver a Nicolás, ese brasileño con ojos de modelo, tocando a Luciana, riendo con ella, me quemó las entrañas. No podía hacer nada, no después de mi estúpida idea de ser “amigos”. Karime, que me conoce como si fuera mi hermana, notó todo, pero no dijo nada. Se lo agradecí en silencio. Ahora, con Luciana en mi casa, solos, la tengo frente a mí. No se aparta mientras acorto la distancia. Su perfume me nubla, su mirada me atrapa.
—Me tienes hechizado, Luciana —susur