Isabel
La lluvía caí sin cesar desde que subió al auto de Federico, el sol se había escondido detrás de la tormenta que azotaba la ciudad. El cielo se vestía de un color gris profundo.
El sonido continuo del agua golpeando el parabrisas del auto, se mezclaba con mis latidos de mi corazón, los cuales se encontraban acelerados. El viaje fue silencioso, sólo interrumpido por la pequeña Alfonsina que se despertó en una oportunidad pero luego de cantarle su nana preferida, se durmió.
Ni Federico ni