El tiempo se detuvo para los dos. Pasaron los días, pero nada cambió... sólo el peso del silencio.
Isabel evitaba mirar su móvil, el cual tenía una foto de Max y ella sonriendo con Alfonsina en brazos. Las llamadas, los mensajes, los audios de Max se acumulaban sin abrirse.
No quería escuchar su voz, no quería recordar lo que había pasado. Aunque era imposible pues, su hija le recordaba a diario de quien era hija con esos ojos azules.
Dormía poco, comía menos. Todo lo que ingresaba a su estómag