El sol apenas asomaba entre las cortinas cuando abro mis ojos. La habitación está en penumbras, con ese silencio pesado que se siente después de una tormenta. Y eso había sido la noche anterior: una tormenta. Unas de esas que arrasan con todo y dejan huellas imposibles de borrar.
A mi lado, Max dormía todavía. Tenía el ceño relajado, los labios entreabiertos y el brazo extendido hacia el espacio que yo había ocupado hasta recién. Es extraño verlo así, vulnerable, sin el peso de la mafia o el co