8. Entre sombras y luz
La luz que se filtraba entre las cortinas era suave, cálida, casi engañosa.
Valentina abrió los ojos lentamente y lo primero que notó fue que no estaba en el sofá. Estaba envuelta en unas sábanas limpias, de algodón suave, y el olor a madera y café recién hecho flotaba en el aire.
Se incorporó despacio, parpadeando, intentando recordar cómo había llegado allí. Lo último que recordaba era haberse recostado en el sofá… y después, nada. Una sensación extraña, mezcla de incomodidad y agradecimiento