46. Nuevos reflejos
A veces, el destino se refleja en un rostro desconocido que, sin buscarlo, nos roba el aire.
La oficina de Valentina olía a café recalentado y a tinta de impresora. Las persianas estaban a medio abrir, dejando entrar un sol tímido que iluminaba los papeles desparramados sobre el escritorio. Era viernes por la tarde, y aunque Valentina trabajaba concentrada en una nueva nota, su amiga Giulia estaba sentada en el sofá pequeño de la oficina, hojeando una revista con gesto aburrido.
-- Tienes que a