15. La traición de la pluma
Hay palabras que matan más lento que las balas, pero dejan cicatrices más profundas.
La mañana en Milán amaneció extrañamente tranquila. Una calma que no le pertenecía a la ciudad. Los ruidos del tráfico llegaban apagados, como si las bocinas y motores se filtraran tras un velo espeso. En el departamento de las Rizzo, sin embargo, reinaba una rutina de domingo: olor a café fuerte, tostadas demasiado doradas y un desorden de periódicos y revistas en la mesa.
Martina hojeaba distraída una revista