12. Entre espejos y máscaras
Hay lugares donde los trajes y los vestidos no cubren la sangre, solo la perfuman.
La invitación inesperada
El timbre sonó a media mañana, interrumpiendo el desayuno improvisado que Valentina compartía con Martina: café frío y tostadas a medio quemar. Ambas se miraron sorprendidas; no esperaban a nadie.
Martina se levantó primero, corriendo a abrir. Un mensajero trajeado, de esos que parecían más escoltas que simples repartidores, extendió un sobre blanco con un sello dorado en relieve: “Fondaz