Las altas puertas de hierro de la mansión del clan Moreno se abrieron lentamente para dar paso a un automóvil deportivo negro que avanzaba sin el menor atisbo de vitalidad.
Por primera vez desde la noche de aquella huida, Dave Moreno regresó a su residencia.
Sin embargo, la lujosa mansión, que normalmente irradiaba majestuosidad, no era más que un enorme mausoleo: rígido, silencioso y terriblemente frío.
Los firmes pasos de Dave resonaban sobre el suelo de mármol, quebrando el espeso silencio q