Los pasos de Dave Moreno resonaban con firmeza y precisión mientras entraba en su despacho privado dentro de la antigua mansión del clan Moreno. La noche volvía a extenderse sobre el cielo de Manhattan, envolviendo el ambiente en una fría y rígida solemnidad.
En la estancia, revestida de antigua madera de caoba, cuatro hombres de mediana edad, vestidos con impecables trajes negros y gruesas gafas, aguardaban sentados con absoluta rectitud. Eran el equipo secreto de abogados privados cuya lealta