El penetrante y frío olor a antiséptico recibió a Dave Moreno y a Elyn en cuanto pusieron un pie en el pasillo de la planta exclusiva de cuidados privados del hospital de Manhattan aquella mañana. Después de una larga noche llena de confesiones íntimas en la antigua residencia del clan Moreno, Dave insistió en llevar de nuevo a la mujer que amaba al hospital para supervisar personalmente la evolución del estado de la Gran Señora Moreno, quien seguía en estado crítico dentro de la UCI de emergen