El suave rugido del sedán de lujo del clan Moreno avanzaba entre el tráfico cada vez más denso de las calles de Manhattan. Dentro del habitáculo insonorizado, la tensión que había quedado tras la discusión en el comedor parecía seguir suspendida en el aire.
Elyn optó por girar el rostro hacia la ventanilla, ignorando por completo la presencia del hombre corpulento sentado a su lado. Con movimientos metódicos, abrió su bolso de trabajo y sacó su iPad Pro. Sus delicados dedos presionaron el botón