Dave Moreno retiró la mano del hombro de Elyn y dio un paso atrás para acomodar los pliegues de su chaqueta negra, que se habían desplazado ligeramente. Sus ojos de águila volvieron a posarse sobre la mesa del comedor con una frialdad imperturbable, como si el incómodo silencio provocado por aquella pregunta sin respuesta no hubiera alterado en absoluto su serenidad.
—Vamos, Elyn. Ya llegamos muy tarde a la reunión plenaria de esta mañana —ordenó con su profunda voz de barítono, dándose la vuel