La vida siguió avanzando después de aquella noche.
Pero algo dentro de mí estaba más liviano.
No era felicidad perfecta. Ya entendí hace tiempo que eso no existe. Era otra cosa. Una sensación tranquila de estar en paz con las versiones anteriores de mí misma.
Y esa paz comenzó a reflejarse en todo.
En la forma en que trabajaba.
En la forma en que amaba.
Incluso en la manera en que soñaba el futuro.
Una mañana de domingo desperté con olor a café recién hecho. Alejandro ya estaba en la cocina cua