Las mañanas ya no dolían.
Habían pasado seis meses desde la última pasarela, y el estudio de Montoya & Rivas se había convertido en un hervidero de creatividad.
Nuevos rostros, nuevos colores, nuevas ideas.
Bogotá nos veía como una historia viva de éxito y resiliencia, y eso me hacía sonreír… aunque a veces, la calma también se siente como un desafío.
—El éxito puede ser ruidoso —me dijo Alejandro una tarde mientras revisábamos los bocetos—, pero la felicidad, Isa… esa siempre es silenciosa.