La noche después de la pasarela fue silenciosa.
Demasiado silenciosa.
Bogotá dormía bajo un cielo sin estrellas, y desde el ventanal de mi apartamento, las luces lejanas parecían reflejar un cansancio que no era solo mío.
Habíamos ganado. Eso decían todos.
Pero ganar, descubrí, no siempre se siente como pensaba.
La victoria tiene un sabor extraño cuando está hecha de ruinas.
El vestido Renacer ya era noticia en todas las revistas de moda.
“Una obra de arte con alma”, titulaban algunos.
“Un