Había pasado una semana desde la reunión con la junta, y aún me parecía irreal caminar por los pasillos de Rivas Couture sin sentir el peso de la incertidumbre sobre mis hombros.
Los saludos eran distintos: ya no había miradas de duda ni susurros a mis espaldas, solo respeto… y algo que se parecía a la esperanza.
La empresa estaba cambiando.
Y yo también.
El escándalo se había desvanecido poco a poco, tragado por el ciclo voraz de la prensa que siempre necesita una nueva víctima.
Sin embargo