Un año después, Bogotá volvió a vestirse de luces.
El aire tenía ese brillo especial que anuncia el cambio de temporada: vitrinas decoradas, calles llenas, revistas hablando del futuro de la moda latinoamericana.
Y entre todo ese ruido elegante, un nombre seguía brillando en los titulares: Rivas Couture.
Pero esta vez, no era solo el nombre de una marca.
Era una historia.
Una historia que habíamos tejido entre lágrimas, diseño y amor.
Yo observaba el desfile desde los bastidores.
Las modelo