Los días posteriores a la confrontación con Carlos fueron un torbellino de emociones. La empresa parecía recuperar poco a poco la calma, aunque yo sabía que aquella tranquilidad era apenas un espejismo. Aun así, lo que más ocupaba mi mente no era la amenaza empresarial, sino la cercanía cada vez más intensa de Alejandro.
Habíamos pasado largas jornadas juntos, revisando documentos, protegiendo la información y elaborando nuevas estrategias para la colección. Pero detrás de esas reuniones cargad