[Narrado por Spencer]
El silencio del penthouse ya no era elegante, era pesado. El olor a antiséptico y a miedo residual flotaba en el aire mientras las luces de la ciudad parpadeaban indiferentes afuera. Casey estaba sentada en el borde del sofá con un botiquín, y yo caminaba de un lado a otro, sintiendo que la sangre me hervía de culpa.
—Spencer, deja de moverte. Tienes un corte profundo en el pómulo y tus nudillos están destrozados —dijo ella, con voz suave pero firme.
—No importa —gruñí, ap