[Narrado por Spencer]
La risa de Casey en la piscina fue más desarmante que cualquier grito o lágrima. Una risa genuina, burlona, que destruyó mi cuidadosamente orquestada escena de seducción. Me había llamado "cliché". Y tenía razón. Mi repertorio emocional se limitaba al poder y al deseo, las dos herramientas que había usado toda mi vida.
Ella se había reído en mi cara, no por debilidad, sino por superioridad. Había leído mi juego y me había exigido una nueva moneda de cambio: la libertad.
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