[Narrado por Casey]
El silencio en el despacho de Spencer era más ensordecedor que cualquier rugido de motor. El aire se había vuelto irrespirable, denso con la verdad que acababa de explotar. Yo estaba arrodillada junto al escritorio, las lágrimas secas en mis mejillas, la imagen del Huayra en la pantalla de la laptop como una burla cruel.
Él no se movió de la puerta. Me estaba mirando, no con la ira del CEO, ni con la adrenalina del corredor, sino con una fría y pesada resignación.
—¿Lo descu