La aparición de Elías Thorne en la televisión y el gélido desinterés de Spencer actuaron como un resorte. Mi convalecencia terminó de golpe. Mi úlcera, o al menos el dolor, era menos urgente que el nudo de miedo y traición que se había formado en mi pecho.
Esa noche, tan pronto como Spencer salió para su "cena crucial", me vestí con la ropa más oscura y silenciosa que encontré. Dejé una nota lacónica: "Fui a despejar la mente. Regreso pronto." Sabía que Spencer se enfurecería, pero no me import