Mundo ficciónIniciar sesiónQuando minha gravidez estava prestes a chegar ao fim, meu marido, Aurelio Maciel, enviou homens para me trancar no porão e me ordenou que segurasse o bebê. A esposa de seu falecido irmão, Ursula, também tinha o parto previsto para hoje. Aurelio havia prometido ao irmão que o primeiro filho nascido na família Maciel seria criado como o herdeiro e receberia todo o patrimônio. — O filho de Ursula deve nascer primeiro. — Disse Aurelio, com indiferença. — Ela perdeu o marido e não tem nada. Você já tem todo o meu amor, é justo que ceda a herança da família para o filho dela. As contrações me faziam rolar de dor. Eu chorei e implorei para que ele me levasse ao hospital. Aurelio enxugou suavemente minhas lágrimas, seu tom de voz era baixo e perigoso. — Pare de fingir! Eu sempre soube que você não me ama. A única coisa que lhe importa é a riqueza e o status. Você induziu o parto prematuro de propósito, apenas para roubar a herança do filho de Ursula... Como pode ser tão cruel? Fiquei pálida, tremendo da cabeça aos pés, e sussurrei: — Eu não posso controlar a hora em que o bebê nasce, foi apenas uma coincidência! Eu juro, não me importo com a fortuna. Eu só amo você! Ele zombou. — Se você me amasse, não teria forçado Ursula a assinar um contrato renunciando aos direitos de herança do filho dela. Enfim, quando ela der à luz, eu volto para te buscar. Afinal, o bebê em sua barriga é meu. Aurelio ficou de guarda do lado de fora da sala de parto de Ursula. Somente ao ver o recém-nascido ele se lembrou que eu ainda estava no porão. Ele pediu a seu secretário que me buscasse e me levasse para o hospital, mas a voz do secretário tremeu ao responder: — A senhora... e o bebê... estão mortos... Naquele momento, Aurelio enlouqueceu.
Leer más— ¡Señor Maillard! —gritó una voz que reconocí levemente casi sin aliento y acercándose rápidamente por mi espalda.
Me volteé de inmediato en respuesta automática. Por supuesto, era quien ya suponía quien caminaba precipitadamente hasta mi posición.
—Dígame señorita Smith ¿necesita algo? —contesté lo más formal que pude y formando una expresión desinteresada.
—Bueno, disculpa Peter… —dudó ella al tutearme una vez más en aquella noche —. Solo quería agradecerte lo que has hecho por mí todo este tiempo, antes de que te marcharas, estos años han sido muy importantes para mí.
Le sonreí complacido sin saber bien a qué se refería, queriendo rememorar si quizá, hubiese hecho algo especial por ella en los dos años que habíamos pasado siendo compañeros de empresa. No, nada especial se me venía a la cabeza. Así que supuse que simplemente era su manera de acercarse a mí con el halago más simple y común que se le pudo ocurrir.
¡Típico! Pero, ¿qué esperaba que yo hiciera?
—No hay de qué —solté involuntariamente como solía hacer por simple educación —. A partir de ahora tendrá otro cargo más exigente, así que será una buena manera de ponerse a prueba. Estoy seguro de que no cederá ante la presión, señorita Smith —añadí sonando diligente y amable.
Durante un incómodo silencio, ella me miró con la intensidad de llevar consigo un mensaje explícito que yo comenzaba a descifrar. Como si el entorno bullicioso no le molestara en absoluto, me sonrió complacida. Era extraño, pero mantuve el tipo manteniéndole la mirada sin dudar. Achiqué los ojos, llegando a una conclusión...
¿Acaso me estaba provocando?
—Me alegra que lo vea así señor —añadió casi en un susurro acercándose un paso más a mi posición —. Su opinión es de lo más valiosa para mí, mi adorado Sr. Maillard.
Aquella frase chocó en mi rostro como una oleada de connotaciones de tentativa, pareciéndome tan excitante, tan exigente y real. Un reto. Y sin pensar en todo lo que podía alejarme de ella, me sentí empujado a dejar salir sin más, esos instintos tan primitivos que solía ocultar.
Un calor embaucador recorrió mis sentidos, seguramente reflejándolo en mis ojos, animando a la sexy secretaria a actuar. Astutamente aprovechó mi flaqueza acortando del todo el espacio entre nosotros sin que quisiera detenerla.
Sus labios carnosos se pegaron a los míos demandantes, como buscando saciar un deseo tan contenido que ya solo les quedaba ceder por presión. Era hechizante la manera en que me sentía, como si un halo de nubosidad hubiese impactando de lleno, llevándose mi fuerza y mi voluntad. Pero, ¿¡qué coño estaba haciendo!? ¿Acaso estaba tan borracho que no me opondría? Ni siquiera podía contestarme a eso, pues continué el beso con la misma necesidad y sin medida.
Mis manos parecían tener vida propia, agarrándola nuevamente hasta pegarla a mi cuerpo. Su calidez era intensa, compensado con el fresco habitual de las noches londinenses, tan cálido como el deseo que sentía en aquel instante por poder poseerla. ¡Sí! susurraba mi macabro instinto ególatra, ese deseo era de lo más delicioso y candente. ¿Cuánto hacía que no me tomaban de sorpresa de aquel modo? No se me venía ninguna situación igual a la cabeza.
¡Aquello estaba mal! Susurró muy bajito una parte de mí, pero la ignoré a conciencia.
La dejé proseguir sus antojos, con los juegos preliminares durante el corto camino hacia mi apartamento. Por descontado, ella había dado mi dirección al taxista que nos llevaba, quien intruso y curioso, era testigo de nuestro magreo en la parte trasera del oscuro vehículo, tan antiguo como acogedor.
Sí, seguro que debería haberte alertado ese extraño conocimiento sobre mi domicilio, para ella había sido tan fácil decirlo, como haber dado el suyo propio. Y sí, era una verdadera secretaria tóxica, pero ¿¡qué m****a!? Ahora solo me importaba lo bien que se frotaba contra mi entrepierna abultada. ¡Oh sí! susurraba mi animal interior.
¡Menuda eficacia!
No tardaríamos en llegar a mi apartamento, donde podríamos culminar con el desespero de nuestro apasionado encuentro.
La observé sonreír victoriosa, viéndome tomarla como si nada me contuviera en aquel momento. Parecía que finalmente, había obtenido la parte de mí que tanto anhelaba, esa sin el filtro de jefe firme e inerte que solía mostrar. Mi verdadero lado salvaje había salido a flote y yo ni siquiera había sido consciente de ello. ¿De verdad deseaba a aquella mujer? o, ¿solo me había dejado llevar por mi ego insaciable de poseerla? Ahora eso se quedaba a un lado, ajeno a las pasiones que necesitaba desatar.
—Sabía que esto ocurriría tarde o temprano —susurró en mi oído mientras se contoneaba sobre mi miembro erecto —, siempre he sabido que yo no le era indiferente, mi sexy y apasionado jefe. Ahora... —exhaló en un gemido —, no le dejaré escapar.
Pero yo no podía concentrarme en sus palabras, solo el placer explotando en ráfagas por todo mi cuerpo y que me invadía sin contemplaciones. Sí, muy bien hecho machote, agradecía mi fuero interno, al fin has podido saltarte tus arbitrarias normas de conducta.
Eso era lo que había hecho.
¡Joder, aquello estaba mal! volvía a susurrarme la razón.
Gisela Smith, esa chica seductora y mi fiel empleada, ahora era una más en mi lista de ligues pasajeros. Otra víctima de mis escarceos fortuitos y otra más, de las que dejaría marchar.
La miré caer henchida de placer junto a mi cuerpo desnudo, con una carcajada como triunfo, el pelo destartalado y la ropa a medio quitar. Cerré los ojos recomponiéndome y sin saber bien, qué m****a era lo que me acababa de pasar.
Yo era en primer lugar, Peter Maillard, su jefe y a quien ella debía respetar ante todos los que ahora murmurarían. Jamás habría un nosotros, ni allí ni en otro lugar. Pero ¿cómo hacer que aquel desliz no se convirtiera en un secreto a voces dentro de mi empresa? Mi nombre y mi imagen serían constantemente arrastrados por los suelos. Ya no tendría paz ni sería un ejemplo a seguir.
¡Ahora sí que la has cagado gilipollas!
Me iría lejos, me repliqué como solución al problema, en unas pocas horas desaparecería de su vida, y de aquella habitación aún con el tenue aroma de mi error garrafal. Sí, aquello estaba realmente mal y esperaba que las consecuencias no me castigaran para variar.
Sua voz tremia violentamente.Ele começou a se curvar repetidamente, sem qualquer dignidade.— Desculpe... Eu juro, não tive má intenção. Eu só queria levá-la para casa. Sinto tanto a falta dela, não consigo viver sem ela.— Desculpe, sogro... eu não sabia da verdadeira identidade dela... — Ele entrou em pânico. — Não, não é isso que eu quis dizer. O que quero dizer é que, não importa de que família Cecília venha, eu a amo.Naquele momento, Aurelio era como um cão rastejando aos meus pés, seu antigo orgulho esmagado.Meu pai, ainda furioso, chutou-o com força.— Levar Cecília para casa? Para que você possa torturá-la até a beira da morte novamente?— Você acha que levar sua empresa à falência é o fim? Pode sonhar! Espere pela minha vingança. Farei você provar o sofrimento da minha filha.Bati de leve nas costas de meu pai, tentando acalmá-lo para que não prejudicasse sua saúde.Os olhos de Aurelio estavam inchados e vermelhos.Ele se arrastou até meus pés e implorou:— Cecília, eu real
Aurelio ficou chocado com a minha risada.Era a primeira vez que sua autoridade era desafiada por mim.— Cecília... como você se tornou assim?Eu dei uma risada fria e revirei os olhos para ele.— Seu desgraçado arrogante e prepotente. Vou dizer mais uma vez: saia daqui e nunca mais apareça na minha frente!Aurelio ficou tão furioso que não conseguiu falar.Quando eu estava prestes a me afastar, ele agarrou meu pulso novamente com força.— Cecília, eu nunca mais vou deixar você me abandonar. Minha única missão hoje é levar você e nosso filho para casa. Você não sabe, mas quando pensei que te perdi, quase enlouqueci! Meu coração doía tanto que eu pensava em você dia e noite. Desta vez, não importa como você me atormente ou me teste, eu não vou desistir. Eu juro.Que ridículo.Essa súbita demonstração de afeto, para quem ele estava atuando?Puxei meu braço com força.— Quem você pensa que é? Com que direito me dá ordens?Sua arrogância inata explodiu novamente.— Eu sou o presidente do G
Quando soube da notícia, apenas pensei que ele estava louco.Mas não dei importância.Estávamos separados por um oceano; ele não me encontraria facilmente.Deixei o pensamento de lado e continuei a me concentrar em aprender a gerir a família e os negócios.Eu aprendia rápido.Em menos de um mês, já conseguia gerenciar investimentos sozinha.As linhas vermelhas e verdes flutuavam em três ou quatro telas de computador, e quase todas as altas e baixas das ações estavam dentro de minhas previsões.Naquele dia, eu tinha acabado de encerrar uma reunião do conselho quando alguém invadiu a sala.Era Aurelio.Minha respiração parou por um instante.As memórias dolorosas, há muito enterradas, ressurgiram violentamente com a sua presença.Fiz um gesto com a mão, indicando que os outros poderiam sair.Seus olhos estavam injetados de sangue, fixos em mim, como se eu tivesse cometido a mais cruel das atrocidades contra ele.No segundo seguinte, ele avançou e agarrou meu pulso com força, sua voz estr
— Você e a criança estavam ligados pelo sangue. Em sua curta vida, você foi sua única mãe. No futuro, você encontrará alguém melhor e terá outros filhos.Ele suspirou.Meu pai tinha mais alguns fios de cabelo branco nas têmporas do que antes de eu partir, parecendo mais abatido.— Mas se você está se trancando aqui para chorar por aquele ingrato, suas lágrimas são em vão. Eu te avisei para não se envolver com ele, mas você foi teimosa, preferiu cortar relações comigo a ficar longe dele.Coloquei a cabeça para fora do cobertor e olhei para as rugas profundas no rosto de meu pai.As lágrimas mais uma vez embaçaram minha visão.— Desculpe, pai. — Eu solucei. — Eu deveria ter te ouvido. Desculpe. Não estou chorando por ele, estou chorando pelo meu bebê... ele era tão pequeno.Meu pai estendeu a mão para enxugar minhas lágrimas.O calor de seus dedos trouxe uma sensação de segurança reconfortante ao meu coração.— Você é minha única filha, meu tesouro mais precioso. Eu nunca te culpei. Eu n
Último capítulo