La medianoche los envuelve con un silencio denso y expectante. Después del torbellino emocional que supuso la visita de Victoria Cavalli, la calma parece casi artificial.
Mía duerme plácidamente en su cuna, ajena a las tormentas que se desatan a su alrededor, dejando a los dos adultos solos con el eco de las palabras que no se atreven a decir.
Abril da vueltas en la cama de su habitación. La imagen de Liam plantándose frente a Victoria para defenderla se repite en su mente como un disco rayado.