Unos días después, la tensión en el departamento es tan palpable que casi se respira como humo.
Desde la acalorada discusión del fin de semana, Abril se ha convertido en un fantasma eficiente: cumple sus horarios a la perfección, cuida de Mía con una devoción absoluta, pero cuando Liam está en la misma habitación, ella levanta un muro de cristal blindado.
No hay sonrisas, no hay miradas compartidas, no hay nada.
Liam, desesperado por romper el hielo y guiado por el único lenguaje que ha conocid