El contrato ya está firmado, sellado y guardado en un cajón del escritorio de Liam.
Han pasado cuarenta y ocho horas desde que el papel del laboratorio cambió las reglas del juego y, fiel a su palabra, Abril ha levantado un muro de hielo impenetrable. Se limita a hablar con Liam de horarios, tomas de leche y pañales, esquivando cualquier mirada que dure más de tres segundos.
Sin embargo, el destino parece empeñado en poner a prueba esa frágil barrera profesional.
Es media mañana, Abril termina