Otra costumbre de todos los días, era que llegara con “Tía Michelle” como él le llamaba, saludara a todos, pues eran muchos niños, jugaran un rato, se ayudaran con las tareas que no habían hecho o les costaba y claro, ¿Cómo olvidarlo? Golpear al rubio por siempre tener la habilidad de sacarlo de sus casillas, pero a diferencia de otros días, este día lo saco de ellas más rápido aún.
—¡eres un bruto Armand! –reclamo cierto rubio en miniatura sobándose la cabeza por el golpe que su amiguito pelir