Por el pasillo caminaba con el ese pelirrojo aun en brazos, no es que quisiera llevarlo así, pero no sabía si estaba del todo bien o no, podía perder el equilibrio caminando. Había parado un poco su llanto, llevaba los ojos cerrados, respirando tranquilo, pero aun así soltaba algunos sollozos aislados. Al lado de él caminaba preocupada la rubia quien veía preocupada a su hijo.
—No puedo creer que no le enseñaras a nadar –le reclamo con poco animo el azabache a la rubia.
—Yo tampoco… sé nadar… n