Al abrir aquella puerta enseguida sintió como alguien se abrazaba a sus piernas. Sonrió al bajar la mirada y distinguir una pequeña mota de pelo rojizo de seis añitos de edad. Su sonrisita deslumbraba incluso en los días de lluvia y sus ojitos negros eran los más brillantes que hasta ese momento conocía.
Bienvenida a casa mami–sonrió el pequeño soltándole, momento en que ella se agacho abrazando muy fuerte a su pequeño—
¡Te extrañe mucho mi pequeño! –Sonrió como una verdadera pequeña de cinco