Capitulo 4

Entré al departamento que compartía con Mateo. Aquel lugar guardaba todos nuestros recuerdos, desde las noches en las que él juraba amarme para siempre hasta las mañanas en las que despertábamos abrazados.

Miré las fotos, los regalos y los muebles que elegimos juntos, y todo parecía una burla, porque mientras yo pensaba que construíamos un hogar, él ya planeaba casarse con mi hermana.

Intenté bajar el cierre del vestido, pero los nervios no me dejaban, así que lo arranqué con desesperación y lo dejé caer al suelo, hecho un montón de encaje sucio y lleno de lodo.

Me quedé en ropa interior, despeinada y con el maquillaje corrido, sin rastro de la mujer feliz que horas antes se miraba en ese mismo espejo.

Caminé por el departamento pensando que todo era una pesadilla y que pronto despertaría en mi cama.

Esperé que la puerta se abriera y que Mateo entrara a decirme que todo había sido un error, incluso imaginé a mi madre llegando arrepentida.

Nada de eso ocurrió; el departamento quedó en un silencio pesado mientras la imagen de ese beso no dejaba de repetirse en mi mente.

Entonces me invadió la rabia y lancé la foto más cercana contra la pared; el vidrio se rompió, pero no me detuve y barrí con el brazo todo lo que había en la repisa, tirando adornos, portarretratos y cada regalo que Mateo me había dado.

—¡Malditos! —grité mientras hacía pedazos otra fotografía—. ¡Después de todo lo que hice por ustedes!

Abrí los cajones y tiré sus cosas por toda la habitación; cada objeto me recordaba todo lo que había perdido por él.

También rompí los regalos de mi familia, porque ya no podía verlos sin sentir rechazo. Durante años aceptaron mi ayuda y, al final, solo estuvieron ahí para celebrar mi dolor. Las palabras de mi madre no dejaban de sonar en mi cabeza.

—Nadie te pidió que lo hicieras. Si gastaste tu dinero fue porque quisiste.

—¡Desagradecidos! —chillé, con lágrimas de rabia cayendo de mis ojos—. ¡Todos ustedes son unos malditos desagradecidos!

Cuando la rabia se fue calmando, apareció algo peor........me senté entre los objetos rotos y empecé a preguntarme qué había hecho mal todo ese tiempo.

¿Trabajé demasiado? ¿Debí prestarle más atención a Mateo o pasar más tiempo con Camila?

Hasta me pregunté si el dinero que les di no había sido suficiente. Sabía que era una tontería, pero estaba tan herida que terminé culpándome por no haberles dado todavía más.

Esas dudas me hicieron ver cosas que antes ignoraba......Mateo siempre preguntaba por Camila al llegar del trabajo y mostraba un interés excesivo por saber dónde estaba.

En las reuniones familiares siempre se sentaba junto a ella, reían por cosas que yo no entendía y Mateo estaba pendiente de ayudarla en todo momento.

Después de recordar todo, el dolor me dejó sin fuerzas y me derrumbé en una esquina del departamento, llorando hasta quedarme vacía.

En ese momento, mi celular sonó entre los objetos tirados por la habitación y por un instante pensé que podía ser mi madre, Camila o Mateo.

Me levanté como pude, cojeando, esquivé los vidrios rotos y tomé el teléfono; el número era desconocido y mi ilusión se esfumó.

—¿Aló? —contesté sin ánimo, mientras volvía a sentarme en el suelo.

—¿Señorita Elara Varela? Buenas tardes —me saludó—. Soy Martha Delacroix, la organizadora de bodas encargada de su evento. Mil disculpas por interrumpirla durante la ceremonia.

—Intentamos comunicarnos con el señor Mateo y con su hermana, pero ninguno responde —continuó—. Nos acabamos de dar cuenta de que la última transferencia no se completó.

—¿Qué transferencia?

—El saldo final de toda la organización —me aclaró—. Necesitamos que lo regularice para que los proveedores continúen con los servicios pendientes de la recepción.

Apreté el teléfono al darme cuenta de que aún esperaban que yo pagara el resto de la boda de Camila, como si fuera normal que, después de usar mi dinero durante meses y dejarme fuera de todo, siguiera haciéndome cargo de sus gastos.

Ahora que entendí todo, algo cambió dentro de mí. Ya había pasado por las cinco etapas del dolor, pero faltaba hacer algo más.

Venganza

Ellos creían que yo seguiría pagando sin decir nada, así que ...... Respiré hondo, me limpié las lágrimas y tomé el teléfono con calma; tenía que actuar como si no supiera nada y dejar que todo cayera por su propio peso.

—Disculpe, pero no entiendo de qué me está hablando —respondí con aparente confusión—. ¿Qué boda?

—De la suya, señorita Varela —me explicó otra vez—. La ceremonia que se está realizando hoy con el señor Mateo Ruiz.

—Creo que existe una confusión —dije con una pequeña risa nerviosa—. Yo no me estoy casando.

—¿Estoy hablando con Elara Varela?

—Sí, soy yo, pero quien se casa hoy es mi hermana Camila —expliqué con calma—. Mateo es mi cuñado. Ahora mismo estoy en mi casa con asuntos que atender y ni siquiera pude asistir a su ceremonia, la novia es ella, no yo.

Hubo un breve silencio mientras se oían papeles moverse rápidamente.

—Eso no puede ser correcto —murmuró finalmente—. Según nuestros registros, usted es la novia y la responsable de todos los pagos.

—Pues sus registros están equivocados. La novia es Camila, no yo.

—El señor Mateo y la señorita Camila nos informaron que usted era la novia —insistió—. También dijeron que no podía asistir a las reuniones por su trabajo, pero que se encargaría de pagar todos los gastos.

—Usted acaba de decir que la novia se encargaría de pagar todos los gastos —señalé—. La novia es Camila, entonces ¿por qué me está llamando a mí para cobrarme?

—Porque todos los pagos anteriores fueron realizados con una tarjeta vinculada a una cuenta a su nombre —respondió—. Ellos dijeron que usted pagaría todo.

—Ahora lo entiendo —murmuré—. Hace unos meses le entregué una tarjeta adicional a Camila para que pagara sus estudios universitarios, pero después tuve que bloquearla porque noté varios gastos que nunca me explicó, y jamás la autoricé para utilizar esa tarjeta en una boda.

—Señorita Varela, sus problemas personales con su hermana no nos corresponden —respondió con fastidio—. Nosotros solo necesitamos que complete la última transferencia.

—No son problemas personales. Le estoy diciendo que Camila utilizó una tarjeta para algo que yo nunca autoricé.

—Pero usted le entregó la tarjeta voluntariamente!!

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