62. Concédeme el enorme placer de…
— Estás increíblemente hermosa esta noche — dijo Cristopher tan pronto recibió a su ninfa al final de las escaleras, y si era sincero, jodidamente sexy también. Esa abertura en su pierna, iba a ser un problema a erradicar muy pronto, estaba seguro.
Galilea se ruborizó como de costumbre y sonrió.
— Tu madre me ayudó a escoger un vestido para la ocasión — confesó con voz serena, cauta, embelesada con todo de él, quien llevaba esa noche una apariencia fresca y elegante, aunque bastante relajada.
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