Pensativa, Estefanía miraba fijamente lo que Johannes había preparado para el desayuno: algo sencillo por la prisa: té de cerezas, tostadas, tarta de manzana, bollos, magdalenas, cereal, yogur, leche, queso de varios tipos, mermelada y sirope.
—No tienes que comerlo todo. Como todavía no sé bien qué es lo que te gusta, quise ofrecerte muchas opciones.
—Sí... Está bien. Yo... Me preguntaba... Esto me da mucha vergüenza...
Johannes fue hacia ella y le cogió las manos. Habían traspasado la barr