La muerte era parte natural de la vida, del ciclo maravilloso en su finitud, incesante, eterno. Morir era el destino de todos. Morir de viejos, por alguna enfermedad, morir porque ya habías vivido lo suficiente. Era sencillo hallar resignación para los que sobrevivían cuando la muerte llegaba sola.
Sin embargo, cuando alguien, un indeseable cortaba los hilos de la vida de otros y le daba un fin prematuro a su ciclo, no había paz que pudiera aliviar el dolor de la pérdida.
No había justifica