El silencio que siguió al pitido de la llamada conectada fue tan denso que casi se podía palpar. En la pantalla táctil del deportivo, la palabra "Padre" destellaba con una frialdad corporativa que hacía juego con la tormenta que se desataba afuera.
Matthew presionó el botón del volante sin apartar los ojos de la autopista oscura. Yo contuve el aliento, recordando la última vez que había escuchado de ese hombre: el monstruo que destruyó a mi familia.
—Habla —dijo Matthew, con una voz tan carente