El eco de los aplausos de la gala todavía zumbaba en mis oídos, pero la realidad en la suite de Matthew era mucho más fría. El "socio silencioso" era una amenaza que no habíamos previsto.
—Isadora, tienes que ver esto —la voz de Verónica salió de los altavoces de mi laptop antes de que yo pudiera siquiera quitarme los tacones.
Me acerqué a la mesa donde el brillo de la pantalla iluminaba el rostro concentrado de mi mejor amiga a través de la videollamada. Verónica no llevaba seda ni diamantes;