capítulo 36. Estoy agotada
El trayecto de regreso a la mansión fue una tortura asfixiante, ambos estaban allí, pero demasiados distantes. El interior del lujoso vehículo, generalmente un refugio de confidencias y roces furtivos, se sentía ahora como una cámara de vacío. Connor mantenía las manos fijas en el volante, con los nudillos blancos por la presión y la mandíbula tan tensa que parecía a punto de quebrarse. Su furia era un incendio contenido, dirigida hacia los fotógrafos, hacia su madre y hacia la audacia de un mu