Capítulo 22. ¡Dime cual es el problema!
La oficina de Connor, que antes se sentía como un refugio de poder y complicidad, se había transformado en una jaula de ansiedad. Después de que su madre se marchara dejando tras de sí el veneno de la duda, Connor no había dejado de marcar el número de Becca. El pitido constante del buzón de voz se clavaba en sus sienes como una aguja.
—¡Contesta, Becca! —gruñó, lanzando el teléfono sobre el escritorio de caoba.
Intentó concentrarse en los informes de los Sinclair, pero las letras bailaban an