Capitulo 51. La Tormenta Golpea La Costa
La mañana siguiente llegó, no como un amanecer, sino como un intruso. La luz artificial del búnker se intensificó, borrando las sombras que habían albergado su frágil tregua. El momento de intimidad cruda, el contacto de piel contra piel sobre el latido del corazón de Alessandro, se había disipado, dejando tras de sí una tensión de un tipo completamente nuevo. Ya no era la tensión del miedo o del odio. Era la tensión de la vulnerabilidad. La incomodidad eléctrica de dos personas que se han visto mutuamente desnudas, no en cuerpo, sino en alma, y no saben cómo volver a vestirse.
Se encontraron en la sala de control. La profesionalidad fría a la que se habían aferrado ahora se sentía como un disfraz mal ajustado. Isabela se sirvió un café, sus movimientos deliberadamente medidos, consciente de la mirada de él siguiéndola. Alessandro estaba de pie frente a la pantalla principal, que mostraba los mercados asiáticos en caída libre —la consecuencia de su ataque a Ricardo—, pero ella sabía q