El aullido de alarma rasgó la noche como una garra afilada. Brianna se incorporó de golpe en la cama, con el corazón martilleando contra sus costillas. No era un aullido cualquiera; había aprendido a distinguir los diferentes tonos que usaba la manada. Este era de emergencia.
Las luces del pasillo se encendieron de inmediato. Voces tensas y pasos apresurados resonaron por toda la mansión. Se puso una bata sobre el camisón y abrió la puerta justo cuando Elijah pasaba corriendo.
—¿Qué sucede? —pr