C53. El eco de la sospecha.
Giovanni Ferrari
Crucé el umbral de la villa y el aire me pesó en los pulmones. El olor a incienso rancio y a cera quemada me recibió como una bofetada. En esta casa, el tiempo no avanzaba; se pudría en un ciclo eterno de luto y rezos.
Caminé por el pasillo de mármol, escuchando el eco de mis propios pasos, deseando por un segundo estar de vuelta en la oficina, donde el aire todavía olía a vida y no a muerte.
Al llegar al salón principal, la vi. Florella estaba de pie frente al altar, con el r