C52. El primer día en la jaula de cristal.
Salí de la oficina sintiendo que me faltaba el aire. ¿Incienso? ¿Rezos? ¿De qué hablaba este hombre? Me senté en mi escritorio y empecé a trabajar con una energía frenética.
Durante horas, solo escuché el tecleo de mi computadora y el murmullo de las llamadas que filtraba para él. Era un ritmo agotador, pero me mantenía enfocada. Cada vez que la puerta de su oficina se abría y lo veía pasar, sentía una descarga eléctrica. Él era el centro de gravedad de este edificio muerto.
A las tres de la t