C32. El veneno en la sangre.
Giovanni Ferrari
El motor del todoterreno aún estaba caliente cuando bajé de él, pero mi sangre hervía a una temperatura mucho más peligrosa. No necesité que Marco me diera el reporte de seguridad para saber que algo andaba mal; el silencio de la finca tenía un peso distinto, un vacío que solo deja la traición.
Entré en la villa como un vendaval. No busqué a Francesca en la cocina ni en el cuarto de Sebastián. Fui directo al ventanal del segundo piso, ese que dominaba el sendero de los olivos,